icon_Close
comments
Not seeing your comment? Read our Content Moderation Policy.
Log in or sign up to comment
icon_CheckmarkRed
Please verify your account
Resend verification email
Leave a comment
icon_Bold
icon_Italics
icon_Link
Submit

Sin tapujos

Una inspiradora conversación sobre educación, pobreza y raza

Mi sugerente conversación con uno de los Maestros del Año.

Bill profile picture

Me ganó con lo de «fabricante de nerds

Nate Bowling estaba en mi despacho, hablándome de enseñanza. Yo me considero un nerd, así que cuando el Maestro del Año del estado de Washington utilizó esta palabra apenas habíamos empezado la conversación (y lo hizo en sentido positivo), no pude evitar enderezarme discretamente en la silla. 

«Siempre digo bromeando que soy un fabricante de nerds —señaló Nate—. Trato de cultivar una especie de cultura académica entre mis alumnos, de inculcarles pasión por aprender, así que llevo la pasión al salón de clase, los alumnos lo perciben y responden en consecuencia.»

Le pregunté a Nate el porqué de su pasión por la enseñanza. «Es cuestión de vida o muerte —apuntó—. Si a mis alumnos no les va bien en la escuela, terminarán en un complejo industrial penitenciario.»

Nate trabaja en la escuela secundaria Lincoln, en Tacoma, a unas treinta millas (cincuenta kilómetros) de Seattle. La mitad de sus alumnos son afroamericanos o hispanos. Más del 70 % tienen derecho a almuerzo gratuito o por un precio reducido, lo que hace de la escuela Lincoln un ejemplo clásico de lo que los educadores llaman la nueva mayoría, expresión que pretende reflejar el hecho de que más de la mitad de los alumnos de las escuelas públicas en los Estados Unidos viven en la pobreza.

Al terminar la secundaria (en inglés, high school), gran parte de esta nueva mayoría no cuenta con la preparación necesaria para acceder a la universidad u optar a un trabajo bien remunerado, de modo que lo que sucede en las escuelas con elevados índices de diversidad y pobreza, como la Lincoln, reviste una gran importancia para el futuro del país.

Por suerte, lo que sucede en la escuela Lincoln es muy positivo: la tasa de graduación es del 80 %, por encima de la media de las escuelas de Washington con una población similar, y el 40 % de los alumnos cursan clases de nivel avanzado (en inglés, advanced placement o AP).

Nate no tarda en reconocer la labor del director y de los otros maestros del plantel. Si sus colegas se parecen a él en lo más mínimo, no es de extrañar que los alumnos de la escuela Lincoln tengan tan buen desempeño. Nate no solo es Maestro del Año en nuestro estado, sino que también quedó finalista del Premio Nacional Maestro del Año. Me contó que todos los alumnos a los que orientó durante el curso 2015-16 habían sido admitidos en la universidad o en un instituto de formación técnica profesional.

«Si se les apoya, todos los niños son capaces de aprender», explica. Nate imparte las clases de Gobierno (nivel avanzado) a alumnos de último curso y de Geografía Humana (también de nivel avanzado) a alumnos de 15 años, algo que me sorprendió. Le pregunté si no le parecía arriesgado exigir a sus alumnos, muchos de los cuales no cuentan con las habilidades de lectura correspondientes a su curso, que tomen clases de un nivel tan alto. A Nate no le parece en absoluto.

«No puedo impartir estas clases como si tuviera alumnos cuyas competencias se correspondieran al nivel de su curso, pero sí creo que mis alumnos pueden alcanzar el éxito —comentó—. El director y yo estamos de acuerdo en esto. No nos preocupa que los alumnos no aprueben el examen de nivel avanzado: simplemente queremos que aprendan. Preferiría tener el 100 % de los alumnos en la asignatura más difícil, aunque solo aprobaran el examen el 25 %, en vez de tener a 25 alumnos y un 100 % de aprobados.»

A principios de este año, Nate captó la atención de todo el país al publicar un provocativo artículo de blog titulado «The Conversation I’m Tired of Not Having» (La conversación que estoy cansado de no tener nunca). Dicho artículo, que analiza sin tapujos la división racial existente en el sistema de educación pública en los Estados Unidos, recibió más de un millón de visitas y fue publicado en periódicos de renombre. Lo leí antes de nuestro encuentro y coincido con muchos de los puntos que expone. Le pregunté a Nate sobre la recepción que tuvo su artículo.

Me dijo que la mayoría de los comentarios que le llegaron habían sido positivos, pero no todos. «Este artículo me ayudó a entender qué es lo que la gente piensa realmente de mis alumnos», señaló.

Como prueba de ello, Nate me mostró una carta que le mandó un abogado del estado de Nueva York después de leer el artículo. La conserva a modo de recordatorio del reto que tenemos por delante. «Es una retahíla de los motivos por los cuales los estadounidenses blancos no quieren compartir escuela con estadounidenses negros —me explica—. La gente se enoja al leer esta carta, pero, si tradujéramos su contenido en recomendaciones en materia de políticas, reflejaría exactamente lo que tenemos en la sociedad actual. Son argumentos a favor de la segregación escolar.»

No me cabe duda de que, por lo general, los que vivimos en zonas residenciales no tenemos consciencia de lo que sucede en las escuelas de los centros urbanos. Es como si fueran dos mundos paralelos. Esta es una de las razones por las cuales Melinda y yo visitamos escuelas de todo el país en el marco de la labor educativa de nuestra Fundación, cuyo objetivo no es otro que el de apoyar a la nueva mayoría.

Pero incluso si el país mejorara en materia de integración y financiación igualitaria (dos objetivos de gran importancia), todavía tendríamos que garantizar que todos los estudiantes tuvieran un maestro eficiente, y que todos los maestros tuvieran acceso a las herramientas y el apoyo necesarios para alcanzar la excelencia. Le pregunté a Nate si sabía cómo podíamos lograrlo.

En su opinión, parte de la solución es crear incentivos para que los mejores maestros quieran quedarse en las escuelas más necesitadas. Y esto empieza por reconocer que las exigencias de dar clases en una escuela con altos índices de pobreza difieren de las de una escuela de ricos. También implica dotar de autonomía a los maestros eficientes. Si logran resultados positivos y los alumnos alcanzan el nivel debido, se merecen vía libre a la hora de escoger el currículo que mejor se adapte a cada docente y a sus alumnos, argumenta Nate.

Por supuesto, no todos los maestros son eficientes cuando empiezan a dar clases, y esto Nate lo sabe por experiencia propia. En su primer día de clase, hace diez años, «yo estaba muerto de miedo, y los alumnos se estaban aburriendo. Cuando pienso en las unidades didácticas que diseñé hace cinco años, me digo: ¡no entiendo cómo no salieron corriendo!».

Es por ello por lo que Nate cree profundamente en la formación continua. «Creo de corazón que podemos conseguir que maestros normales sean más eficientes, y que maestros eficientes sean extraordinarios ¬—asegura Nate—. Uno de los errores que todos cometemos es pensar que la enseñanza va ligada únicamente a la aptitud. Se necesitan un mínimo de aptitudes para enseñar, pero que tengas un doctorado no significa que vayas a ser bueno explicando contenidos. En parte, enseñar es comunicar contenidos, es hacer magia, y eso se puede enseñar».

Según Nate, otra cosa que ayudaría a los profesores sería «tratarlos como las joyas que son». Nate es cofundador de una organización, Teachers United, dedicada a apoyar a los maestros para que hagan aportaciones en el ámbito de las políticas educativas a nivel de estado y de distritos.

«Las escuelas son la base de nuestra democracia —concluyó Nate—. Si queremos una sociedad mejor, tenemos que empezar por las escuelas. Si queremos construir una sociedad mejor a través de las escuelas, tenemos que hacerlo mediante una enseñanza de mejor calidad.»

Fue una conversación de lo más edificante. Nate abordó temas muy complejos, asuntos de los que todos tendríamos que estar hablando. Salí de allí ilusionado por las posibilidades que le esperan a la nueva mayoría. Me emociona pensar que, durante muchos años más, Nate, el fabricador de nerds, seguirá cultivando a estudiantes y otros maestros como él.

(Lee mis reflexiones anteriores sobre mi conversación con Katie Brown, Maestra del Año del estado de Washington 2014, y sobre mi encuentro con la ganadora del año pasado, Lyon Terry.)

icon_Share
Share
icon_Comments
Comments
Get my newsletter
icon_ArrowBack
icon_Close
Log in or sign up
Want good news in your inbox? Become a Gates Notes Insider today to get my newsletter and receive updates on inspiring stories and remarkable heroes from around the world. You'll learn about the incredible progress being made in global health, energy innovation, and more.
Your email
Please enter a valid email address
Next
icon_Close
icon_Search
POPULAR SEARCHES